Los precios imposibles empujan a cada vez más gente a las subastas de casas: así funciona un sistema no pensado para los particulares

El interés por las subastas inmobiliarias en España crece en paralelo al repunte de las ejecuciones hipotecarias y a las dificultades de acceso a la vivienda por las vías tradicionales. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), las ejecuciones sobre vivienda habitual han aumentado con fuerza en los últimos trimestres, con incrementos interanuales en torno al 30% y el 40%, aunque los datos siguen muy lejos de los máximos registrados durante la anterior crisis.

 

Este renovado interés recuerda al que se produjo a partir de 2014, cuando el mercado inmobiliario empezó a despertar de su largo letargo y los precios de las casas comenzaron a escalar. Según Héctor Arderíus, con más de 30 años de experiencia en este sector, “a partir de ese año se dispararon las consultas sobre subastas inmobiliarias”. Hoy, el fenómeno se repite en un contexto distinto, pero con el mismo detonante: precios al alza y dificultad de acceso.

Muchos particulares se asoman al mundo de las subastas como última vía para acceder a una vivienda a un precio más bajo. Sin embargo, la realidad es que este camino está lleno de restricciones. Para empezar, no hay acceso a financiación. “Aunque el artículo 670 de la Ley de Enjuiciamiento Civil permite que se pueda pedir una hipoteca una vez te has adjudicado el bien en una subasta, la realidad es que los bancos, sin tenerlo inscrito a tu nombre, sin tener la posesión, no te la conceden”, asegura Arderíus. “Tienes que pagar a tocateja y eso es un hándicap tremendo”, lamenta.

Esta limitación condiciona completamente el perfil del comprador. Una barrera que explica por qué, pese al creciente interés, el mercado sigue dominado por inversores. A ello se suma una percepción errónea muy extendida entre los particulares, razona Héctor Arderíus. “La gente llega con la idea en la cabeza de que va a comprar a mitad de precio, pero la realidad es otra: en subastas, compras con un 20% o un 25% de ahorro y solo muy de tarde en tarde suena la flauta”, explica.

 

 

[Fuente «El País»]