Vivienda, geopolítica y confianza: el nuevo equilibrio del mercado hipotecario

Vivimos un momento en el que la incertidumbre ha dejado de ser una circunstancia coyuntural para convertirse en una variable estructural en la toma de decisiones económicas. El sector financiero e inmobiliario europeo lo sabe bien. Tras la pandemia, la guerra en Ucrania, el giro abrupto de la política monetaria y el tensionamiento de las cadenas globales de suministro, el nuevo escenario geopolítico vuelve a poner a prueba la capacidad de adaptación de entidades financieras, promotores, empresas y familias.

 

La diferencia respecto a épocas anteriores reside en que hoy el impacto no se transmite por una única vía. La tensión internacional se filtra simultáneamente a través del precio de la energía, los costes de financiación, la inflación, la confianza del consumidor, las expectativas de crecimiento y la renta disponible de los hogares. Un repunte del petróleo, del gas o del queroseno no afecta únicamente a las compañías energéticas o a las aerolíneas, si no que tiene consecuencias directas sobre el transporte, el turismo, el consumo, la cesta de la compra y, en última instancia, sobre la capacidad de ahorro de las familias. Y cuando se reduce la capacidad de ahorro, se tensiona una de las decisiones económicas más relevantes en la vida de cualquier hogar: la compra de una vivienda.

La inflación, durante mucho tiempo tratada como una magnitud macroeconómica, se ha instalado en la vida cotidiana. Está presente en la alimentación, la energía, los servicios, el transporte, la construcción y el ocio. Cada incremento acumulado erosiona la renta disponible y estrecha el margen de decisión de miles de familias que aspiran a construir un proyecto vital en torno a una vivienda en propiedad. Para muchas de ellas, especialmente para los jóvenes, comprar una casa no es una operación financiera más: es probablemente la inversión más importante de su vida.

En paralelo, la banca opera en un entorno de mayor exigencia, donde la subida de tipos, el encarecimiento de la financiación mayorista y la volatilidad de los mercados han obligado a las entidades a afinar sus modelos de riesgo. Incluso cuando el Banco Central Europeo adopta una posición prudente, los mercados se anticipan, las curvas de tipos se ajustan y las entidades revisan sus criterios de concesión. La Reserva Federal, el BCE, la evolución del conflicto en Oriente Medio, la presión sobre la energía o las tensiones arancelarias vuelven a formar parte de una misma ecuación.

 

 

[Fuente «El Economista»]