El cuello de botella en la vivienda que sigue sin explicar por qué los precios continúan al alza si la compraventa desciende
Desde hace décadas parece que la lógica ha sido la constante en el mercado inmobiliario, donde cuando disminuían las compraventas los precios terminaban por corregirse también. Sin embargo, el ciclo actual en el sector parece romper con cualquier signo de sentido común: el número de transacciones actual muestra signos de al menos un enfriamiento, incluso una ligera desaceleración, mientras que, por su parte, el precio de la vivienda continúa escalando hacia máximos históricos. Las previsiones además apuntan a nuevos incrementos en los próximos trimestres.
Si bien los últimos datos de junio muestran un ligero repute, pues tras cinco meses de caídas consecutivas en junio se firmaron 59.288 compra, no cabe duda de que esta evolución tan descompensada responde a un enorme desequilibrio entre la oferta y la demanda. Una coyuntura que se ha vuelto prácticamente contextual y que desde hace años redefine el funcionamiento del mercado inmobiliario español. De un lado, la gran escasez de oferta y de otro, el crecimiento demográfico y el aumento de nuevos hogares, que multiplican la demandan, han limitado que el enfriamiento en la compraventa se traduzca en una moderación de precios.
En este nuevo ciclo inmobiliario, la caída de las compraventas no constituye necesariamente un síntoma de debilidad del mercado. En muchos casos refleja, simplemente, que el número de compradores capaces de acceder a una vivienda se reduce antes que el precio de los inmuebles. Un cuello de botella que, sin embargo, ayuda a entender por qué España afronta esta singular situación: un mercado que vende menos, pero que vale cada vez más rápido y por más valor.
El desequilibrio estructural
Según los últimos datos aportados por el Colegio de Registrados, la compraventa de vivienda cayó un 5,7% durante el segundo trimestre de 2026 respecto de los tres primeros meses del año, con una cifra que apenas alcanza las 17.000. La caída fue más acusada en el caso de la vivienda nueva, con 34.919 compraventas y un descenso del 11,5%; mientras que en usada se computaron 133.015 operaciones, el 4% menos con respecto al trimestre anterior. Todo ello no hace sino reflejar una moderación de la actividad respecto de los máximos alcanzados justo después de la pandemia del covid, cuando el mercado registró algo más de 190.000 compraventas durante el segundo trimestre de 2022.
[Fuente «El Economista»]




